Lluís Borrassà: La atemporalidad pictórica medieval
- Gennadii Saus Segura

- 6 jun 2023
- 2 Min. de lectura
A cargo de Guennadii Saus i Segura.

Lluís Borrassà. Los colores reencontrados de la catedral de Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya: del 23 de febrero al 2 de julio de 2023.
En ocasión de la adquisición por el Museu Nacional d’Art de Catalunya de dos obras del maestro del gótico catalán Lluís Borrassà (ca. 1360-1424/25), el museo ha organizado, con la colaboración de la Catedral de Barcelona y bajo la supervisión de Cèsar Favà, una muestra sin precedentes en tierra catalana. Des de febrero del presente año año —aunque por tiempo limitado— tenemos la oportunidad de poder ver en primera persona toda la obra pictórica de Lluís Borrassà manufacturada para la Catedral de Barcelona.
Borrassà, una de las personalidades más insignes del gótico catalán, encarnación por antonomasia del linealismo pictórico, ofrece un no muy amplio, pero no por eso menos meritorio, corpus de pinturas capaces de competir con la de personajes de la talla de los hermanos Bassa, Pedro Berruguete o Bernat Martorell.
La exposición, amena y no excesivamente larga, resulta una experiencia indeleble para todo el que profese el más mínimo interés por el arte, sea cual sea el período al que más afecto sienta. No solamente se exhiben sus obras, sino que estas vienen complementadas por libros de cuentas, crónicas e inventarios de la catedral barcelonesa, todos ellos del siglo XIV; asimismo, los acompañan las ilustraciones de Josep Puiggarí, indesmayable estudioso de la indumentaria catalana, quien examinó y replicó —no sin laguna licencia— las vestiduras medievales que se observan en la obra de Borrassà.

El objetivo primordial de esta exposición —más allá de celebrar la adquisición de dos nuevas piezas para la colección— es dar a conocer, o, mejor dicho, desenterrar de la penumbra, a uno de los pintores de mayor relevancia del panorama gótico catalán. Aquí, a diferencia de las exposiciones de arte contemporáneo, el visitante no se ve inmerso en una experiencia táctil, sensorial y activa, sino que se convierte en un sujeto pasivo y atento, que se regodea de una experiencia exclusivamente visiva e intelectual. Todas las obras están enclaustradas en una sala del museo teñida de verde azulado —idiosincrático de la paleta de Borrassà—, una al lado de la otra, intercaladas rítmicamente por los sobredichos manuscritos del XIV y/o paneles explicativos. Ante el clima de relativa paz que se respira habitualmente en el museo, se crea una interrelación emotiva y formal entre la obra y el sujeto, consiguiendo que uno roce con la yema de los dedos un grado de piedad y religiosidad desconocido al público general, como un regreso a la Edad Media, a la piedad popular y al anhelo de salvación. Uno sale de la exposición soñando, absorto, "perdido como un sueño en la madrugada" como diría Unamuno.
La exposición, pese a permanecer anclada dentro de unos esquemas clásicos, simples y tradicionales de ordenamiento, sale triunfante y consigue imprimir en ella unos efectos de frescura y modernidad realmente laudables. Y, consiguientemente, lo scopo de la exposición se cumple: ofrecer una visión homogénea y de conjunto sobre cuál era la fisonomía artística de la catedral de Barcelona a principios del siglo XIV, algo que superó los límites y las convenciones, donde convergieron distintas tendencias, un autentico capolavoro.




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