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¿Qué hubiera pasado si el Marqués de Sade hubiera nacido en Vilanova i la Geltrú?

  • Marta Meseguer Almirall
  • 5 jun 2023
  • 3 Min. de lectura

Sade: Una figura disruptiva del panorama artístico.

Sade: la libertad o el mal (11 de mayo - 15 de octubre, CCCB). ¿Qué tienen en común la época del Marqués de Sade y la actualidad? El discurso alrededor de la sexualidad abre vías para cuestionar el discurso hegemónico legitimado por las instituciones de la capital y expone sus intereses.


Sade: la libertad o el mal, es un ejemplo de un atractivo para el consumidor porque a lo largo de ésta se muestra cómo la sexualidad puede ser un objeto de poder y un motor político que influye en cómo se consume el arte y qué debe ser considerado punto de referencia, por el hecho de estar ubicada en el CCCB, un lugar céntrico de la capital considerado de mayor afluencia y destacado dentro del panorama de las artes.


¿Si la misma exposición se hubiera programado en el Centro de Arte Contemporáneo La Sala de Vilanova i la Geltrú hubiera tenido la misma repercusión social? Esto deja en entredicho los intereses de exponerla dentro de un contexto institucional y de enmarcarla dentro de un discurso pensado, también porque se produce en un contexto de elecciones municipales en las que se disputa un posible cambio (de poder) en la alcaldía y por tanto, a nivel social y económico que finalmente está conectado con aquello que se consume en un plano artístico.


Se puede establecer un paralelismo entre los dos momentos históricos marcados por un cambio ideológico; primero: la figura del marqués dentro de la Revolución Francesa pone en valor de la libertad (sexual), la igualdad y la fraternidad; segundo: con la democracia actual esta exposición es una llamada a reinterpretar la sexualidad y su libertad de expresión en un momento en el que la cultura de la imagen está repleta de contenido explícito, incluso pornográfico, aunque influenciado por el auge de un nuevo puritanismo moral. Éste está justificado por ejemplo, con una distribución de las obras de Dalí, Ray, Apollinaire o Masson, entre otros, dentro de espacios enmarcados que imitan la disposición de un gabinete de curiosidades, de modo que el espectador ejerce de voyeur y es incitado a observar desde la distancia: es legítimo observar porque forma parte de un contexto institucional de referencia.


Como expone Simone de Beauvoir, Sade despierta dos tendencias sociales: admiración o curiosidad por su componente revolucionario, y rechazo por cuestiones morales. En el Raval, al mismo tiempo un lugar marginal dentro la capital en el que se hace evidente su legitimación como espacio cultural en favor de intereses políticos para sanear el marco de referencia cultural, se muestran las repercusiones de su influencia y la herencia artística de su pensamiento. Pero en la contemporaneidad, ¿hasta qué punto esta posición disruptiva ha sido asimilada dentro del discurso institucional? Del mismo modo, cabe apuntar que Sade era escritor y sólo un tercio de sus obras estaban enfocadas al sadismo y a los relatos eróticos, por lo que deja en evidencia las pretensiones económicas detrás de la reinterpretación de su figura, porque se ha forjado un concepto con unas connotaciones concretas alrededor de su nombre. De este modo, programarla en Vilanova i la Geltrú restaría beneficios al discurso hegemónico que se ha establecido en la capital, aunque hacerlo sería más disruptivo que hacerlo en Barcelona, y opuesto al discurso institucional, asimismo, seguiría la línea revolucionaria que Sade esbozó en su época.


 
 
 

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